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viernes, 26 de octubre de 2007

La Argentina que yo quiero

El domingo son las elecciones, y no puedo votar. No tengo la obligación, pero quisiera hacerlo, por la gente que ha quedado allí. Han intentado vender la sensación de que estamos condenados a que gane Kirchner. No sé si es así, pero este fatalismo juega en contra de la democracia. Hay quien dice que el tiempo cura las heridas. No creo que sea así: sólo la acción produce cambios, los milagros repentinos son escasos. Votar es una acción minúscula si tenemos en cuenta la cantidad de gente que vive en Argentina, pero es una acción.

Hay quien dice que ya está todo perdido, que habría que destruir el país y recomenzar de cero. Suena tentador, pero destruir todo es inviable. Hay que partir de la base de lo que ya hay y corregir lo que no funciona. Cuando nos hablan de un origen del país nos mienten. Nos mienten porque nada está condenado a ser como fue. Además, los orígenes son siempre oscuros. Por ejemplo, ese origen, ¿está en la Argentina indígena, en la colonial, en la de Rosas, la de Rivadavia, la de Roca, la de Perón...?

Creo que haciendo todo bien, lograr que Argentina se ponga a la altura de la España de hoy llevaría al menos 20 años. Es mucho tiempo, pero hay que hacerlo: el bienestar común y el bienestar propio están ligados.

Estos son mis deseos para el próximo gobierno. Yo quisiera un país que:

- permitiera la libertad de expresión, sin acosos, amenazas o chantajes,
- fuera transparente en sus cuentas públicas, permitiendo el libre acceso mediante Internet a la información pública,
- buscara la eficiencia en la administración pública, con sistemas informáticos estables, gestión mediante Internet, correo o teléfono, turnos numerados, el menor papeleo posible, y la simplificación y estabilidad de los trámites,
- desarticulara el clientelismo,
- redujera el trabajo y la facturación en negro,
- buscara el federalismo,
- favoreciera el crecimiento de las poblaciones pequeñas y redujera el crecimiento demográfico de la ciudad de Buenos Aires (con restricción de las zonas urbanizables, o desfavoreciendo la instalación de nuevas industrias, por ejemplo),
- favoreciera el contacto no turístico entre las diferentes zonas del país (tarifa telefónica única, beneficios a los traslados en micros a más de 100 kms.),
- impidiera el establecimiento de monopolios, y abriera a la libre competencia aquellos sectores donde los hay,
- desarrollara la infraestructura según un orden de prioridad, no de costos o de resultados políticos, y con la prioridad puesta en reducir el tiempo perdido en el traslado al trabajo de la mayor cantidad de gente posible,
- eliminara la impunidad del comerciante que puede pedir más de un amparo por el mismo concepto, y vivir así al margen de toda ley,
- mejorara la educación, permitiendo al docente concentrarse en sus tareas (y no en rellenar formularios burocráticos, hacer política universitaria o hacer de psicólogo infantil o de asistente social),
- arancelara (una cantidad mínima, con becas a quienes no puedan pagar) o restringiera mediante examen previo el acceso a la Universidad (no tiene por qué pagar todo un país para que uno estudie, además tendemos a no darle valor a lo que es gratis, aceptamos la corrupción de muchos docentes e impedimos la libre competencia entre Universidades públicas y privadas),
- reemplazara los Planes Trabajar por un seguro de desempleo por tiempo limitado (aunque fueran a 2 años, eso sería mejor que lo que hay ahora),
- redujera la pobreza, usando el asistencialismo sólo donde sea imprescindible (contratos estatales temporales, planificación familiar, aborto legal, eliminación de la mano de obra esclava e ilegal),
- combatiera o al menos pusiera en evidencia el racismo que existe en la Argentina,
- redujera la corrupción policial (líneas de denuncia anónimas a policías, creación de una institución que los supervisara, sistemas GPS en las patrullas para supervisar su posición y actividad),
- buscara la integración en el Mercosur, aunque más no fuera a nivel aduanero y mediante el desarrollo de infraestructuras de unión,
- tuviera un Poder Judicial independiente,
- tuviera un Congreso que trabaje,
- no utilizara decretos presidenciales nunca,
- tuviera una economía que no pareciera un Frankestein de tantos parches, y que por lo tanto no explotara cada década (todavía queda algo de tiempo: mayor fluctuación del dólar, eliminación gradual de las retenciones, eliminación gradual de los impuestos más distorsivos, reducción gradual del IVA, etc.),
- desvinculara a la Iglesia del Estado (basta de subsidios: en España yo puedo elegir si quiero que parte de mis ganancias vayan a la Iglesia o no),
- redujera el número de sus leyes y demarcara claramente el ámbito nacional, provincial y municipal,
- permitiera la creación de nuevos canales de aire,
- enseñara en la escuela a reconocer las demagogias y las falacias lógicas,
- planificara a largo plazo,
- generara confianza y esperanza (algo que ni el sostenido crecimiento económico ha logrado hacer)
- no estuviera obsesionado únicamente por la economía, sino que el desarrollo social y cultural tuvieran un peso similar,
- no hubiera gente muriendo de hambre,
- no incrementara el gasto público en un porcentaje mayor al del crecimiento del PBI (aunque pudiera hacerlo, de manera temporal, en época de recesión),
- no se falsearan los índices de crecimiento,
- tuviera democracia real, con al menos dos partidos en condiciones de llegar al poder, campañas con propuestas reales, instituciones fuertes y un voto responsable y no orientado y obligatorio.

Como he leído en alguna parte, para ser un país serio no hace falta decirlo en un slogan de campaña. De hecho, ese es el principal indicador de que no lo es: un país serio no lo proclama a los cuatro vientos, es serio y punto. Casi todo lo que he enumerado arriba está presente en España, y casi todo lo ha logrado en los últimos 30 años. No sé si esto explica que crezca más rápido que el promedio de la Unión Europea (pronto será octava economía mundial), o que sea uno de los países con mayor calidad de vida. Pero yo creo que hay una relación.

Mientras tanto, no veo que Argentina esté mejorando. El 9% de crecimiento anual puede representar mayor empleo, y eso es muy positivo, pero no se está mejorando en los otros aspectos, y se bordean varios abismos (hiperinflación, despotismo de una presidenta bipolar, recesión por caída de los precios internacionales de los commodities, imposibilidad de crecer más por falta de inversiones, crisis social aguda). Se está desaprovechando una situación de crecimiento que tampoco es mérito del Gobierno: los precios de las materias primas están subiendo desde hace tiempo, y había capacidad instalada que no se usaba durante la recesión.

Creo que la pregunta básica de estas elecciones es: ¿puede Cristina Kirchner ofrecerme un país mejor, donde mi situación pueda mejorar también? Si yo estuviera en Argentina, estoy seguro de que mi respuesta sería que no.

miércoles, 24 de octubre de 2007

No puedo votar

Un argentino viviendo en el extranjero no puede votar si no se inscribe previamente en un registro especial. Esto ya sería bastante, si no fuera porque hay que registrarse con seis meses de anticipación. Además, en Barcelona, para poder hacerlo hay que pedir un turno. Y estos turnos se dan de aquí a dos meses. Claro que si uno se presenta por la tarde en el Consulado verá que no hay absolutamente nadie siendo atendido, sólo están las empleadas, que ni siquiera hablan entre sí (tal vez porque ya han tenido tiempo de contarse todo).

Además, en el Consulado no trabajan ni los feriados argentinos ni los españoles. El 12 de octubre fue feriado en España: cerrado. En Argentina fue el lunes siguiente: cerrado.

Tal vez tantas dificultades se deban a que el aparato proselitista no llega hasta aquí. Yo quisiera ver a Nalbandián o a Tinelli vendiendo su alma, yo quisiera poder rechazar un lavarropas (o lo que sea que regalen esta vez).

lunes, 22 de octubre de 2007

De visita

He estado de visita en Mar del Plata durante casi tres semanas. Estas son algunas de las impresiones de mi viaje, en lo que hace a la situación del país.

Lo primero que noté fue que la viveza sigue estando a la orden del día. No sólo Tienda León nos cobró dos precios diferentes a un compañero de vuelo y a mí para ir a Retiro, sino que al poco rato un changarín se ofreció a llevarnos el equipaje por un pago "a voluntad" - sólo para decirnos a los pocos metros que cada una de las valijas que habíamos cargado costaba 5 pesos (las bajamos, aunque sólo fuera por indignación). Que un cortado cueste lo mismo en Retiro que en el lujoso aeropuerto de Barajas (Madrid) también creo que es una avivada.

Me llamó también mucho la atención algo que no sé si calificar como corrupción o estupidez: un servicio de tranvía en Puerto Madero. Soy el primero en defender que se debe mejorar el transporte público. Pero este tranvía no representa eso, ya que está instalado en una zona donde los únicos que no tienen auto son los pocos turistas que van paseando. No entiendo cómo se puede congeniar esto con el hecho de que los ferrocarriles estén saturados de gente (y a la vez subsidiados), o que el subte de Buenos Aires lleve años a la espera de una expansión. Es corrupción en este sentido: desviar el dinero de la gente hacia algo que no los beneficia. Pero es estupidez en cuanto sale alguien a defenderlo como una medida de promover el turismo. Porque Puerto Madero sólo tiene restaurantes. Hay que ser un porteño ombliguista para pensar que algún europeo se va a caer de culo al ver el lujo de la zona. De una vez por todas: el lujo en argentina es una imitación patética, y cuando vean a un rubiecito caminando con una sonrisa en la cara, no es que esté feliz de encontrarse entre galpones, sino que se ríe de la vanidad porteña. Además, si supuestamente los trenes (llenos de gente) dan pérdida, ¿dónde está la perspectiva comercial de un tranvía semivacío?

Poco después tuve una impresión agradable: estaban mejorando la autovía 2, o al menos estaban trabajando en ella. Hay esperanzas, me dije. Sólo para poco después desilusionarme con la increíble dejadez que supone no haber hecho nunca nada para evitar que se inunde la zona más fértil del país. Porque a ambos lados de la autovía se extendían auténticos lagos, y hasta tuve ocasión de ver a un par de vacas muertas. Que no se me malentienda: no quiero que se me oculte esto, sólo querría que se solucionara. Atar con alambre ya no me parece divertido.

Lo que yo aún estaba empezando a intuir se confirmó unos días después. Mar del Plata es probablemente la cuna de la dejadez. Sin el dinero fácil de Capital Federal, sin la posición política de La Plata, tiene los mismos males que el resto de la provincia pero sin posibilidad de (ni interés en) maquillar su imagen (que es una aspiración menor a ser una ciudad auténticamente mejor). Ejemplos sobran, aunque sólo es necesario caminar un poco por sus calles. No hay cestos de basura, ni siquiera en el centro. Mi barrio, que en mi recuerdo era algo bastante prolijo, se me mostraba ahora en decadencia. Sigue sin haber esquinas, sólo un barro con charcos de agua. La basura que no ha podido volar envejece en las veredas. El asfalto está peor que nunca: por el momento, sólo se salvan de los baches tres avenidas céntricas. Las calles ya no son ni siquiera barridas, con la esperanza de una próxima lluvia lo suficientemente fuerte para llevarse la mierda pero no tan fuerte como para que todo se inunde y la mierda flote. Porque allí a nadie le interesa quitar el polvo que se va depositando sobre la superficie de las cosas. Si no se puede ver nada en el micro, no importa. Si la palmera se ha muerto, ya desaparecerá sola. Si el vuelo de Aerolíneas Argentinas tiene que hacer escala en Fortaleza porque hace un mes que no cambian el medidor de combustible, es normal, "es que esto es Argentina".

Ya estoy cansado de esa resignación complaciente que significa decir "la Argentina es una mierda". Decir esto no lo hace a uno más inteligente. Es un lugar común que suele enmascarar mediocridad o cobardía. ¿Por qué mediocridad? Porque decir que Argentina es mediocre (y lo es) suele significar: "todos somos mediocres. Esta mediocridad es normal. De hecho, es el camino a seguir: quiero que seas mediocre a mi manera". ¿Por qué cobardía? Porque también es una excusa para "quedarse en el molde" cuando uno podría haber hecho algo y no se atrevió a hacerlo: "delante mío le robaron a esa señora, y no había ni un sólo policía. Argentina es una mierda".

De hecho, me sorprendió el comentario de unos amigos míos de que Argentina ya no quiere un Salvador. Ya era una mala idea esperarlo, ya que el mundo no se comporta como la Iglesia querría, pero al menos esa esperanza infundada era una forma de vitalidad. Ahora priman las ideas de que "nadie puede solucionar argentina", de que hay que sobrevivir mientras sea posible. ¿Y cuando sus habitantes no sean más que unos zombies fumadores de paco? No hay respuesta a esto (bueno, sí: que el paco garantiza una muerte rápida, en no más de seis meses). Yo intenté presentar una visión más europea, buscando una refutación, pero sólo conseguí escepticismo. Hay una gran desilusión, y sólo unos pocos proponen soluciones. Pero esas soluciones son inviables, porque ya han fracasado en el pasado: un orden social católico o evangelista (para clase media y baja), o el aislamiento ficticio en un barrio cerrado (para la clase alta). Digo aislamiento ficticio porque están sujetos a todas las consecuencias de los problemas sociales y económicos que hay fuera del barrio. Y sobre la patológica esperanza de que Argentina mejore con un orden social católico ya escribiré.

Una costumbre que me sorprendió mucho es la de hacer esperar sin razón. Atender rápidamente parece ser de "boludos con miedo a que los echen". Es una constante en todas partes: el Colegio de Escribanos (tres personas y ninguna atendiendo), la Universidad, los cafés, las ventanillas de venta en Retiro... La situación más extrema fue cuando entré a comprar un celular. Sólo estaban dos de los dueños. El que estaba detrás del mostrador me pidió que esperara y empezó (sí, empezó) a hablar con el otro de cómo le gustaba ver los partidos el domingo: con unos pochoclos al alcance de la mano, de tal marca, y luego pasó al típico repertorio machista de cómo se deshacía de su mujer para poder ver los 90 minutos en paz. Al menos 5 minutos así, e incluso, cada tanto, me miraba sonriendo, como esperando que yo me riera de sus gracias.

Este hacer-esperar forma parte de algo aún más global: la sensación de que un argentino, casi por definición, se caga en los otros argentinos. Por ejemplo, en Mar del Plata es obligatorio comprar una tarjeta para viajar en ómnibus. Pero la venta (o recarga) de esas tarjetas es imposible después de que han cerrado los comercios. Todavía más: yo tuve que caminar 700 metros y preguntar en tres lugares hasta encontrar el sitio donde las cargaban (en uno de ellos, incluso, me hicieron esperar 10 minutos, y en otro me pusieron mala cara porque eso significaba que me iría al quiosco de la competencia, como si eso fuera mi culpa).

Otro ejemplo: en Mar del Plata han "mejorado" el sistema para renovar el carnet de conducir. La última vez perdí 8 horas, distribuidas en dos días: 5 horas el primero para que me sacaran una foto, y 3 horas el último para recoger el carnet (que se suponía que ya estaba impreso). Ahora es mucho mejor: hay que pedir turno por teléfono para ir a hacer el trámite. Sólo que es imposible conseguir que te contesten. He llamado, y llamado, y finalmente regresé a España sin haberlo podido renovar.

Y aún más: creo que ese cagarse en el otro parte de algo más profundo: del deseo de que al otro le pasen cosas malas. Ya había olvidado ese "¡que se joda!", que viene a significar: es justo que el otro sufra, sea porque no ha sido lo suficientemente vivo, o porque está en una situación desfavorable. Si uno viene con una valija y no hay una sola rampa en las esquinas para poder desplazarse rápidamente, que se joda por venir de España. Si uno se quiebra una pierna en una escalera mal hecha, que se joda por boludo. Por el contrario, yo creo que todo el mundo se merece vivir dignamente, sea sentado en una silla de ruedas o no. Al menos, se le debe poder garantizar que pueda moverse, comer, vivir y trabajar libremente. Argentina no garantiza esto, y no tiene la voluntad de hacerlo, porque el que no puede es porque se lo merece.

Ya seguiré escribiendo en otra ocasión. Mucha suerte a todos, después del 28 de octubre la van a necesitar más que nunca.

miércoles, 24 de enero de 2007

Indice de percepción de la corrupción

He encontrado en este blog (que trata de la corrupción, aunque desde una perspectiva católica que no comparto) una imagen sobre la percepción de la corrupción que tenían los habitantes de cada país del mundo en el 2006. Rojo es el segundo peor, sólo por detrás del marrón (el gris es Sin Datos):

viernes, 15 de diciembre de 2006

Federalismo

Existen a mi entender varias razones por las que el federalismo no funciona en Argentina (aunque esté respaldado por la Constitución), he aquí algunas:

- La inversión en infraestructura se concentra en Buenos Aires, reforzando el unitarismo del país.
- Las diferentes provincias no tienen, por lo general, una identidad claramente marcada (un argentino no suele sentirse parte de una provincia, para un marplatense un habitante de Trenque Lauquen es tan diferente como un cordobés), por lo que no hay un interés real en defender "lo nuestro": ese "nosotros" no existe.
- La mayoría de las provincias no tienen voz en la política nacional, y para peor a sus representantes no les interesa tenerla.
- El gobierno central coacciona a los gobernadores para entregarles parte de los fondos que les corresponden por la Constitución de 1994 y las leyes posteriores, minando su libertad de acción. Esta estrategia, novedosa en la Argentina que yo he vivido, es utilizada por Kirchner para reforzar su posición de Líder del Partido Único de la Argentina "democrática".
- Los medios periodísticos se concentran en Buenos Aires.
- Los medios provinciales o locales se dedican a defender intereses de la clase más alta (véase el diario marplatense La Capital, megáfono de las ambiciones de su dueño), y cuando hablan de política se limitan a comentar lo que sucede en Buenos Aires desde una perspectiva porteña.
- La falta de transparencia del uso de los fondos, y la corrupción generalizada, entre otros problemas, hacen que el argentino asuma que no lo beneficia en nada que su provincia reciba más fondos. Hay un total desinterés y falta de información sobre el uso del dinero público. De hecho, intentar conseguir esa información puede ser imposible o peligroso.
- La falta de límites entre lo que es legislable a nivel nacional y lo que es a nivel provincial. Con respecto a un mismo asunto, pueden coexistir un decreto presidencial, una ley nacional y una ley provincial, sin que quede claro cuál es la que se debe aplicar.
- La sumisión de senadores y diputados a un líder nacional. Un senador jamás defiende los intereses de una provincia, sino los de un partido o los de una ambición personal. Un diputado tampoco defiende los intereses de la población representada.


Y estas son algunos de las desventajas de este unitarismo:

- La población argentina está concentrada en una ciudad enorme e inmanejable. Esto incrementa los costos y la ineficacia estatal. El gasto público en muchas situaciones no es una proporción directa a la población, sino que es logarítmico. Un ejemplo claro es la recolección de basuras. La cantidad de camiones requeridos para trasladar una cantidad x de basura depende, entre otras cosas, de la distancia a la que se encuentra el basurero. El mismo camión puede en una noche hacer muchos más viajes en Mar del Plata que en Buenos Aires, por ejemplo. Y esto aumenta la cantidad de camiones de manera no proporcional, aumentando también el tráfico, los costos y la población porteña. Lo mismo pasa con los taxis, que pueden trasladar a menos personas por día, con los asistentes sociales, con los estudiantes que tienen que ir a la Universidad, con las ambulancias, etc.
- No se invierte adecuadamente en el interior del país. Pueden gastarse millones en desintoxicar el Riachuelo, cuyos alrededores no deberían haber sido urbanizados para empezar, pero obras como canalizaciones o embalses están a la espera desde hace décadas.
- Favorece el caudillismo, a nadie le interesa que una familia salteña, acompañada por Martínez de Hoz, haya estafado a miles de propietarios analfabetos y hoy día posea inmensos territorios por los cuales no paga impuestos y están desaprovechados. O que haya reelección indefinida en muchas provincias (en Buenos Aires Solá intenta repetir el Pacto de Olivos para conseguirla, dándole una banca más a la minoría: ver).
- Permite que territorios ricos en recursos estén muy por debajo de su precio. Por ejemplo, en una época en que el agua dulce es un problema mundial, por los bajos precios y mediante una violación del principio de soberanía, se permite que la familia Thompson (aunque fuera argentina, es lo mismo) compre la mayoría del segundo acuífero del mundo, los Esteros del Iberá. O que Benetton compre media Patagonia, un territorio cuya riqueza subterránea es desconocida.
- Desvincula al ciudadano de la política. Los cambios a nivel local o provincial, en vez de provenir del voto y la actividad política del ciudadano, son ecos de políticas nacionales o porteñas. En las provincias divididas entre una elite y una clase baja, permite aberraciones como la reelección indefinida, que a veces es defendida mediante la violencia (ver).
- Reduce la aplicabilidad de las leyes. Las necesidades de Salta son muy diferentes a las de Tierra del Fuego o Buenos Aires, pero sin embargo debe cumplir con leyes que están pensadas para la zona más desarrollada, poblada, elitista e insegura del país.


Algunas muestras de estos problemas:

- El gobierno provincial de Solá ha creado impuestos, y aumentado otros, para cubrir necesidades de financiamiento. Nadie sabe (ni puede saber) adónde va ese dinero, uno paga pero no sabe qué. Algunos de los impuestos creados se superponen con impuestos nacionales, como el impuesto a las ganancias, lo cual es de una legalidad dudosa. Ver nota.
- 8/1/2007: El federalismo escaso que hay tampoco funciona muy bien, tal vez por la desconexión entre la clase política y los votantes. Se anticipan aumentos de hasta el 110% en las legislaturas (o sea, algunas duplican su presupuesto con respecto al año pasado!). Cada fueguino pagó el año pasado 220 pesos para que la Legislatura funcionara. Todo esto frente a una indiferencia generalizada. Ver nota.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Racismo

Ya sabemos que la sociedad argentina es notablemente homogénea y no hay racismo (ver). Lo aprendimos en la escuela y en los medios, pero, ¿es verdad?

Yo veo aquí el problema de Orwell: creo que hay mucha evidencia en contra de esta creencia tan aceptada (como sugiere la Wikipedia). En mi opinión, la sociedad argentina es racista, y aunque hay varios tipos de discriminación, la más profunda es una que la divide claramente en dos: "negros" y "gente como uno".

El negro es una categoría bastante difícil de delimitar. No es tanto un grupo que comparta un origen: no son necesariamente descendientes de indígenas o africanos, hay descendientes de europeos que entran en la categoría. Una relación con el mestizaje me parece improbable, ya que hay mestizaje de todo tipo en la genealogía de la "gente como uno". El color de piel puede ser una pista más acertada, aunque si ese es el caso cabe preguntarse cuál es el tono particular (ya que africanos y descendientes de árabes pueden quedar excluidos). En cuanto al nivel cultural, también me parece un criterio problemático, porque hay negros con mucha cultura, excelente expresión oral, y honestos. Es notable la falta de interés (y de estudios sociológicos) por ver cuál es el significado argentino de este término despectivo.

Si algo tengo en claro es que se espera que el negro no sea de clase media o alta. Cuando lo es, se dice algo así como "es un negro pero tiene guita", o cosas peores. También se dice "es pobre pero no es un negro" (en este caso, quiere decir probablemente que pertenecía antes a la clase media o que tiene una tez muy blanca). Arriesgaré una hipótesis: el negro es toda aquella persona de clase baja con un tono de piel marrón oscuro y cierta manera de expresarse. Generalmente estas tres condiciones coinciden, aunque si alguien cumple con sólo una de las tres ya puede tranquilamente ser acusado de ser un negro.

La discriminación en la entrada a las discotecas existe, aunque parece que se la está combatiendo (algún racista dirá que porque los de la puerta también son negros). No se hace nada contra el acoso en los comercios (por vigilantes que piensan que están intentando robar). En muchas escuelas es notable el prejuicio de que el perteneciente a este grupo tiene una menor capacidad intelectual (se lo maquilla mediante generalizaciones, como que todos ellos tienen problemas de alimentación o familiares, y por eso no aprenden): es una profecía autocumplida, porque si no se les enseña como a los demás tampoco es de esperar que aprendan de la misma manera. Pero tal vez la peor discriminación, la que impide que esto cambie con el tiempo, la que hace que la división social se reproduzca indefinidamente, es la discriminación laboral. Muchos puestos están vedados para ellos. Hasta McDonalds, cuyos gerentes tienen la directiva de no discriminar, pueden aceptar a una persona notablemente fea pero no a uno de estos negros.

Hay una serie de "saberes" asociados a este tipo social, que completan el peor estereotipo utilizado en Argentina. Estos son sólo algunos, como siempre acepto sugerencias:

- Que un negro discrimina a otro negro
- Que no se puede confiar en un negro
- Que no se debe invitar a la casa a un negro
- Que los negros no realizan ningún tipo de planificación familiar. Sin eufemismos, que se reproducen demasiado.
- Que un negro puede ascender de clase social "pero siempre será un negro".
- Que un negro será grosero con tu novia aunque estés presente.
- Que los negros siempre llevan un arma, blanca o de fuego, encima.
- Que no quieren "integrarse socialmente" (los verbos querer y poder son intercambiados con una facilidad sorprendente).

Finalmente, hay presente también un racismo xenófobo, que discrimina a los extranjeros, particularmente a los latinoamericanos. Se usan términos como "chilote", "bolita", "paragua", "yorugua", "brasuca", y en la práctica las diferencias de pensamiento que puedan tener con los "negros argentinos" no son tomadas en cuenta, especialmente si el color de la cara es oscuro.

Este racismo forma parte de los valores argentinos, que son aceptados y casi nunca cuestionados tanto por discriminadores como por muchos discriminados. Ya casi parece algo bueno. Como dijo el presidente Kirchner: "para un argentino no hay nada mejor que otro argentino. Esa es la patria que queremos" (ver).

Me despido con una pregunta: si se me concede que hay racismo en Argentina, ¿qué se está haciendo para combatirlo? En otros términos: ¿le interesa a alguien cambiar esta situación?

viernes, 1 de diciembre de 2006

Delincuencia

Creo que está claro que Argentina presenta unos índices muy elevados de delincuencia, así que no hablaré de eso. Me interesa más el discurso que hay sobre la delincuencia y las características específicas del modo de delinquir en el país.

El 21 de noviembre, en San Telmo, le robaron a una hija de Bush la cartera y el móvil (ver nota, en inglés). Estaban siendo escoltadas por el Servicio Secreto. Para peor, uno de los agentes yanquis sufrió un intento de robo, y cuando se resistió se armó una gresca y salió bastante golpeado. Un test rápido: si esta noticia te causa gracia seguramente eres latinoamericano.

¿Por qué causa gracia? Se me ocurren algunas teorías, que no se excluyen entre sí:
1 - El argentino siente un placer perverso en disfrutar de la decadencia de su país.
2 - El argentino disfruta cuando alguien le roba a un rico (aunque el delincuente roba donde tiene oportunidad, en realidad).
3 - El argentino valora la viveza de quien gana dinero sin haber tenido que trabajar.
4 - El argentino encuentra motivos de orgullo y heroicidad en que un compatriota haya podido burlar la vigilancia del Servicio Secreto.
5- El argentino disfruta del sufrimiento ajeno, en especial si no puede identificarse con la persona afectada.


El discurso sobre la delincuencia tiene algunas características particulares:

- Se suele justificar el delito hablando de marginación, falta de educación y hasta hambre. Esta idea en particular ya es casi obsesiva, haciendo del delincuente apresado una víctima a menos que se demuestre lo contrario (y los medios se esfuerzan bien poco por saber qué tan acuciante es la necesidad de dinero). La sociedad, según esta línea de pensamiento, se divide entre el gobierno corrupto y la población, víctima por toda la eternidad. Defender al delincuente es atacar al gobierno. La idea es la siguiente: "ese delincuente es una víctima, como yo, de lo que nos han hecho los gobernantes, que son malos, mientras que nosotros somos los buenos". La división entre gobierno y pueblo es una simplificación maniquea (ya escribiré sobre esto), e igualarse con un ladrón habla muy mal de los valores del "pueblo" argentino (leyendo entre líneas, es de una sinceridad sorprendente).

- En contraste, quien no defienda el delito debe justificar claramente su posición, ya que por su opinión queda en el banquillo de los acusados. ¿Acusados de qué? De fascismo, de defender a los gobiernos militares, de ser oficialista. Está en el bando contrario al "pueblo". A defender la aplicación de la ley por medios legales se lo llama "mano dura", con las connotaciones de terrorismo de estado que esta definición conlleva. Defender legalmente la ley no es fascismo, es lo que hace toda sociedad sana para defenderse a sí misma.

- Cuando el delito es contra alguien que no es "rico" o "del gobierno" (o sea, la inmensa mayoría de los casos), la división obsesiva entre gobierno y pueblo hace que muchos opinen de esta manera: "el gobierno (o la sociedad capitalista, o la globalización, etc.), mediante su actividad maligna, ha hecho que algunos de nosotros, las víctimas, sólo puedan delinquir contra otras víctimas".

- El robo a alguien que posee más que uno es legítimo, una forma de crear una justicia inexistente en este planeta. "Ladrón que roba a ladrón, 100 años de perdón". La idea de que uno no es un ladrón, pero quien tiene más que uno sí lo es, es otra de las obsesiones argentinas. Como muestra de la amplia difusión de la idea, no hace falta más pruebas que el fallo de la Corte Suprema que ha dicho que quien tuviera menos de 70000 dólares en el banco antes del corralito recibirá dólares, mientras que quien tuviera más recibirá la tercera parte, ya que seguramente se trata de dinero malhabido.

- Se incita a no denunciar porque "es una pérdida de tiempo", ya que "entran por una puerta y salen por la otra", y después "tal vez te vayan a buscar". Creo que esto no es más que cobardía disfrazada, y quiero aclarar aquí que, en Mar del Plata, si haces una denuncia telefónica no te piden ningún dato, y denunciar un delito en la comisaría no lleva más de media hora.

- Se considera que la responsabilidad de reducir el delito es ajena. Si vemos un delito y no lo denunciamos (o evitamos declarar como testigos), un argentino puede irse con la consciencia tranquila, ya que la culpa es de la ineficacia policial, por la que faltan policías que nos eviten tener que cumplir con nuestro deber cívico. Porque así como un ciudadano disfruta de ciertos derechos y beneficios de la vida en sociedad, también tiene ciertos deberes para con ella (nada es gratis). Uno de estos deberes cívicos es denunciar a quienes atentan contra la sociedad y sus ciudadanos (y no tiene nada que ver con ser buchón o facho, sino que contribuye a que haya menos cosas para denunciar y menos necesidad de policías en la calle).

- El mismo policía que es parte del enemigo, de los que hacen del "pueblo" argentino una víctima, es visto como un Salvador cuando el que sufre un delito es uno mismo.

- Se habla de que no hay solución para la situación social argentina, de que hay que "emparcharla" en la escuela (se lo llama "contención", que ahora prima sobre la educación). Como contraste, en España se penaliza a los padres de quienes realicen delitos siendo menores de edad: la "contención" es responsabilidad paterna, no estatal.


Algunas características específicas de la delincuencia argentina:

- El delito no es sólo contra la propiedad, sino también contra la persona. Portar armas blancas, en otros países, no sólo es ilegal, sino que robar con una navaja es lo mismo que robar con un arma de fuego.

- La circulación de armas de fuego no está controlada. Es muy fácil hacerse de una pistola ilegal, y el rumor dice que todo policía tiene una en la guantera.

- La policía forma parte de la delincuencia argentina, y no tiene ningún tipo de control. Para peor, su comportamiento mafioso hace que denunciar a un policía sea visto como un suicidio.

- El delincuente actúa con un gran rencor contra toda la sociedad, y considera que herirte o matarte es legítimo porque sería hacer justicia.

- Forma parte del control social, por su relación con las instituciones. Hay ejemplos bastante claros de esto, como la manifestación piquetera por la liberación del ladrón de supermercados (Alí), el uso de delincuentes para generar caos en manifestaciones (como la de Mar del Plata en las Cumbres) o para intimidar (como en el caso de los barrabravas enviados a reprimir una huelga de enfermeros). La libre circulación de drogas que generan comportamientos violentos sugieren que hay una necesidad política de que la delincuencia exista.

- La falta de reglas claras. En otros países de Latinoamérica la violencia está acotada a ciertas zonas a las que uno sabe que no debe entrar si no quiere correr riesgos. En otros, la delincuencia está acotada a delitos contra la propiedad. En la Argentina cualquier calle de Mar del Plata ( y casi cualquiera de Buenos Aires) implica una situación de riesgo. Además, es imprevisible el comportamiento de quien te intenta robar, que en algunos casos puede matarte después de que le hayas entregado todo.


Esta situación no es irreversible. Aquí incluyo algunas sugerencias, que, para evitar falacias, aclaro que yo mismo ponía en práctica en Mar del Plata:

- Si presencia algún delito, haga al menos una llamada telefónica a la policía (cuyo número debería tener en el celular). Esto incluye desde asesinatos hasta a una mesita en la calle Colón haciendo estafas con el juego de los tres vasitos y la bolita. Ante la duda (¿unos amigos del vecino lo estarán ayudando con la mudanza?), también denuncie.

- Si ve a un policía cometiendo algún delito, creo que conviene hacerle una denuncia con el fiscal.

- Si sabe de algún lugar donde se venda mercadería robada, también denúncielo. Puede ser muy cómodo comprar un repuesto de un Renault por 10 pesos, pero no es nada agradable que te roben tu auto para luego desarmarlo. Y no, no alcanza con no comprarles, eso no reduce la demanda, sólo hace bajar el precio.

- Las cartas a los periódicos no son sólo para viejos resentidos de la vida. Si una institución funciona mal, o alguno de sus miembros está haciendo algo ilegal, no es mala idea enviar un pequeño texto a un diario. Sí, van firmados. Sí, es posible que La Capital no te lo publique. Pero es la forma más rápida de conseguir un cambio, y de encontrar al Salvador Responsable que tanto se busca.

- No finja, por educación, estar de acuerdo con argumentos ajenos. Si una persona le dice algo que le parece una estupidez, ponga a prueba sus convicciones refutándola.
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