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lunes, 28 de septiembre de 2009

Consulado

Hoy, después de muchos meses, tuve la ocasión de volver a experimentar la burocracia argentina. Había perdido un poco la práctica, y eso me permitió apreciar ciertos detalles.

Hace ya unos días, solicité un turno a través de la página web del consulado. La página es un poco precaria, ya que para buscar un turno libre hay que recorrer día tras día hasta encontrar un hueco, cada uno de 7 minutos, libre. Aviso que sólo se puede hacer un trámite a la vez, así que para hacer dos trámites hay que inscribirse dos veces. Pero uno no puede volver a inscribirse mientras haya una cita pendiente. Como los turnos pueden tardar hasta dos meses, uno puede tardar cuatro meses en hacer, por ejemplo, una renovación de pasaporte y un cambio de domicilio. También es notorio que, debido a que sólo quedaban 3 turnos libres en los siguientes dos meses, es fácil quedarse sin posibilidad de pedir uno. También hay que resaltar que en el consulado no se trabajan ni los feriados argentinos, ni los españoles, ni los catalanes.

Llegué con puntualidad a mi esperado turno, y con puntualidad me atendieron. Una excelente noticia, a decir verdad. ¿Mi trámite? Renovación de pasaporte. Hay dos tipos: una renovación íntegra (un pasaporte nuevo) o un sellado. Había solicitado el sellado, por su rapidez. Entregué mi pasaporte, me pusieron cuatro sellos, y en menos de un minuto el pasaporte estaba listo. Entonces comenzaron las sorpresas.

La primera sorpresa fue que tenía que ir a hacerme dos fotos carnet, de un tipo específico, en una casa de fotografías también específica. Mientras tanto, en el consulado se quedaban el pasaporte. Así que salí a la calle y me hice las fotos.

La segunda sorpresa fue que tenía que ir a otro edificio para pagar. Encontré el edificio: un banco BBVA. En el cajero había una calco que decía "trámites del consulado argentino: poner imprimir". Genial. Por un momento sentí que estaba en una búsqueda del tesoro, y que me habían dejado pistas por toda Barcelona. Así que pagué. 30 euros por unos sellos. 30. Una cena en un restaurante con una estrella Michelín. 5 comidas en el McDonald's. Un mes de transporte público. Nafta como para ir a Francia ida y vuelta. Un vuelo a Berlín. 5 DNIs españoles. 30 euros.

Entonces tuve dos revelaciones. Una, es que no se pagaba en el consulado por la triste experiencia de que casi todo empleado argentino, si tiene la oportunidad, roba. La segunda, que Argentina, como todo país tercermundista, intenta exprimirle hasta el último centavo que pueda a quienes viven en o vienen del extranjero.

Volví a las 13:30, la hora que me habían indicado. Entregué el ticket y las fotos. Me dijeron, con mucha amabilidad, que tenía que esperar una media hora. El sitio estaba lleno, estaban todos. Estaba el grasa de Vicente López, estaba el gordo de asados sudado y con una camisa de 10 euros, estaba la falsa rubia platinada de Burzaco, estaba el ex-marino facha con sus jeans azul oscuro y sus zapatos de cuero. Y, sobre todo, estaban los niños. Bebés y niños. Niños que gritaban, corrían y se chocaban con la gente. Unos viejos y yo éramos casi los únicos que no llevábamos un niño. Los argentinos en el extranjero nos reproducimos como conejos.

Mientras me aburría, escuché algunas conversaciones próximas. Dos madres argentinas acababan de descubrir que vivían en el mismo pueblo de Valencia. Ambas habían venido a hacer el mismo trámite que yo a las 9 de la mañana. O sea: salieron a las 6 de Valencia, llegaron a las 9 a Barcelona, entregaron el pasaporte, les pusieron los sellitos y les dijeron que volvieran a las 13:30. Regresarían a Valencia a eso de las 18, 12 horas después, para conseguir unos sellitos.

A las 14:15 me llamaron. Yo esperaba que al menos hubieran pegado mis fotos en el pasaporte y lo hubieran plastificado. Nada de eso. Me devolvieron el pasaporte tal cual. O sea que la espera de 45 minutos (para algunos, de horas enteras) era para nada (¿verificar que el ticket de pago fuera verdaderos? ¿Llamar a Argentina para ver si yo estaba en busca y captura? ¿Calcar mi foto?).

Para finalizar, un detalle encantador. Al entregar el pasaporte, me hicieron una pregunta. ¿La edad? No, estaba escrita. ¿La dirección? No, el cambio de domicilio es otro trámite. ¿Cambio en el estado civil? Podría ser, pero no. Me preguntaron mi altura. Mi altura.

Por cierto, la renovación de pasaporte sería inútil si me dejaran entrar en la Argentina con mi pasaporte español. Pero no: quieren tener controlado quién logra huir y quién vuelve de visita.

Lo diré. Lo tengo que decir. Me cago en la Argentina y todo su tercermundismo.

Tabla de precios
Costo de un DNI español nuevo: 7 euros
Costo de un pasaporte español nuevo: 10 euros
Costo de tres sellos en un pasaporte argentino: 30 euros
Costo de un pasaporte argentino nuevo en Barcelona: no tiene precio
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