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martes, 21 de octubre de 2008

Una nueva estafa

Los Kirchner quieren estatizar las jubilaciones de las AFJP, que se han visto reducidos debido al descenso en las acciones. Los argumentos parecen ser los siguientes:
- proteger a los futuros jubilados
- defenderse del drenaje de fondos que genera el pago de intereses por los bonos que por ley deben comprar las AFJP

Sin embargo, con un poco de historia, se puede ver que:
- casi todos los gobiernos han quitado dinero de las jubilaciones estatales para pagar deuda pública, dejando a los jubilados en la miseria en la que están
- la ANSES es el organismo más burocrático y sobredimensionado del Estado argentino
- a la hora de pagar las jubilaciones, no serán los Kirchner los que tengan que conseguir el dinero, sino algún futuro gobernante
- sería casi excepcional que un gobierno se preocupase realmente por las necesidades de los ciudadanos
- las acciones de las AFJP suben y bajan. De hecho han tenido rentabilidades brutales en todo el mundo en la última década. Mientras que, con tanto robo, las jubilaciones estatales siempre han tenido rentabilidad negativa

El segundo punto, el de frenar el drenaje de los intereses, es interesante porque:
- el gobierno se está endeudando a unas tasas altísimas con Chávez. Prácticamente le están regalando la Argentina, ya que las tasas son mucho más altas que el crecimiento del PBI más optimista.
- el drenaje de los intereses ocurre, pero no porque las AFIP sean malas. El mecanismo está hecho para favorecer al gobierno, que puede endeudarse creando bonos basura que las AFIP están obligadas a comprar. Si hay que pagar intereses de la deuda es porque la cantidad de bonos que se han fabricado es descomunal. Estos bonos tienen una tasa de interés que es inaceptable para el resto del mundo, y las AFIP (y por ende, los futuros jubilados) están obligados a confiar en el estado argentino. Esta es una estafa ya existente, y con otras palabras, consiste en que el gobierno puede fabricar papelitos que valen por un dinero que probablemente no existirá en el futuro. Si yo tributara 100 pesos en jubilación, la mitad (50) va a bonos argentinos. Supongamos que la tasa sea del 2% anual (no voy a buscar la cifra). El año que viene esos 50 pesos en bonos serán 51. Mientras, la inflación habrá hecho que esos 51 pesos compren lo que antes compraban 35, o que valgan por un 10% menos de dólares que ahora. Básicamente, el Estado, de esta manera, roba a los futuros jubilados. Pero parece que no alcanza.

Nada garantiza con el sistema estatal que dentro de 10, 20 ó 30 años quede algo del dinero tributado, o que valga para algo. Es de ilusos pensar que nadie se lo va a robar en ese tiempo. Tampoco queda claro qué pasa con las tributaciones de los que más ganan (clase media y alta). Seguramente, dentro de 30 años su jubilación será la misma mierda que la de quienes han trabajado un mes en su vida. Y tampoco queda claro qué pasará con esos bonos que tienen las futuras extintas AFJP: ¿se hará un default con los accionistas?

La otra pregunta es para qué quieren los Kirchner manejar este dinero. La burocracia estatal ha crecido más que el PBI, y habrá muchos problemas de dinero el año que viene, cuando no entren impuestos por la soja (que vale más o menos la mitad que en marzo). Justo en un año de elecciones legislativas. Creo que ya me imagino para qué quieren el dinero.

Aún más indignante es la conducta de ciertos medios, como Página 12, que por cierto ni siquiera deja opinar en sus notas, y recoge sólo opiniones de miembros del gobierno y economistas amigos. No hay ni un solo economista en sus páginas que se manifieste en contra. Esto no es izquierda, esto no es estar con el pueblo, esto es oficialismo total. En Clarín encuentro que ni siquiera la encuesta del día está relacionada con este tema, como si fuera una cosa de economistas. Esto no es democracia, esto es otro robo, con la complicidad más abyecta de casi todos los medios. Mientras, la bolsa baja más del 10% y el dólar sube. Seguramente no es por cambiar otra vez las reglas de juego (Menem creó las AFJP en los 90), debe ser, como dice Página 12, una maniobra especulativa de las AFJP.

Por cierto, ni siquiera dejan la opción de quedarse en la AFJP si uno quiere. La decisión de la presidenta debe ser obedecida por todos los argentinos, aunque sea inconstitucional. Pero ya ni pensamos en alternativas democráticas, ¿verdad?

Yo estoy en Barcelona, pero si estuviera en Mardel iría a un cacerolazo, como mínimo. Ya sé que los de mi edad no pensamos en la jubilación, o no contamos con ella. Pero estaría bien que algo de dinero nos esperara dentro de unas décadas, y no estar muertos de hambre como los jubilados de hoy. Mañana nos estarán robando. El futuro se decide hoy.

jueves, 2 de octubre de 2008

Las princesas

Hoy estaba haciendo cola para pagar mi desayuno en el único bar que hay cerca de mi trabajo, y que siempre está lleno de gente. De pronto, una mujer de unos 25 años, gordita y fea, me empujó desde atrás, mientras decía "Perdón, permiso". Una argentina suelta en Barcelona, está claro: ninguna de las dos palabras se utiliza nunca acá.

Sospechaba que quería colarse, pero existía la posibilidad de que quisiera llegar a las mesas más allá de la cola, así que me quedé mirándola para ver cuál era la urgencia. Se detuvo junto a la cajera, y lentamente se fue incorporando a la cola. Interpuse el cuerpo para que no me ganara el sitio, llegamos a la vez a la caja, y pagué, echándole todo el humo del cigarrillo en la cara. Hizo un gesto, similar al de quien espanta a una mosca, para quitárselo, para que yo lo alejara de ella. Pronto se dio cuenta de que yo lo hacía a propósito, y por orgullo no repitió el gesto. Obviamente, en cuanto terminé de pagar se coló, justo delante de dos compañeros de trabajo, que tuvieron que esperar mientras ella pagaba un café con 50 euros.

Yo sé que es una nimiedad, pero es muy representativa. Para empezar, su actitud era muy notoria por el contraste. Los españoles nunca se cuelan, incluso suelen preguntar quién es el último. Además, si el humo del cigarrillo les molesta, se lo guardan o te lo dicen abiertamente, no hacen gestos para ver si uno se da cuenta. Y, finalmente, no te empujan, y mucho menos cuando hay sitio para pasar de sobra.

Veo dos posibilidades. Una es que lo haya hecho por "viva", una forma de ver la vida para la cual toda norma de convivencia social es una estupidez, lo inteligente es aprovecharse de las circunstancias (y vivir alerta para no ser víctima de otro "vivo" como nosotros). La otra es que lo haya hecho porque todo le está permitido. Si las argentinas son las más lindas del mundo, y ella es argentina, tiene que ser linda.

Ambas posibilidades están muy relacionadas con la cultura y los valores argentinos. Dejaré de lado en este post la viveza criolla, y me quedaré con las princesas argentinas.

En Argentina, estas princesas tienen privilegios. ¿Cuántas veces, en Argentina, dejamos colarse a una mujer linda, sólo por la fantasía de que algún día podríamos tener algo con ella? ¿Cuántos favores hemos hecho sólo por una sonrisa, y a veces ni eso? La princesa argentina se considera un objeto preciado, al cual hay que mimar aunque uno no la conozca, porque tiene la cualidad más valiosa: es bella. Puede no saber cuál es la capital de Argentina, pero eso no importa, porque cree que hasta un gay quiere tener sexo con ella. Tener sexo con la princesa argentina es su falsa promesa, la esperanza que nunca debe desaparecer, su dignidad, su arma más importante.

La princesa argentina piensa que el sexo debe graduarse con cuentagotas. Una sonrisa para el feo que hizo el informe por ella, un beso para el que guapo que lleva tres horas hablándole, una teta en el auto la primera noche, sexo a oscuras para el nuevo novio, tal vez sexo oral o anal para festejar el primer año. Siempre y cuando el novio cumpla, y no tenga que castigarlo sin sexo. ¿Cuáles son las faltas posibles? Todas. No ir a cenar con los padres, salir con tus amigos, decirle una vez que no tiene razón (aunque pocas veces la tenga), no mantenerla.

¿Cuál es el ideal de hombre para esta princesa argentina? Es muy fácil, es ese personaje que muchos inventábamos y muchos inventan en la discoteca. Lo de guapo o no uno ya lo lleva en la cara, pero siempre está bien sugerir que uno tiene un trabajo excelente, que se está llenando de plata, que ha estudiado derecho, que quiere una relación estable y que tiene auto, tal vez un departamento, tal vez incluso uno sea demasiado como para estar con ella.

A la princesa argentina le gustan las telenovelas argentinas y latinoamericanas, porque hablan de ella. De una mujer que podría tener más dinero, que conoce a un Hombre que, además de ser muy atractivo, la salva de la degradación del trabajo y la soltería sin hijos. Una y otra vez vemos a la princesa argentina, en Andrea del Boca, Natalia Oreiro, y tantos gatos que pueblan la televisión.

La princesa marplatense, sin embargo, desprecia a los gatos, y prefiere ni hablar de las putas, y es mi opinión que es el reflejo deformado de su fantasía. La heroína de la telenovela podría ser presentada como un gato, en otro contexto. Y un gato podría muy bien considerarse a sí misma como la protagonista, saliendo con el más rico de la ciudad.

Como he sugerido, las dos armas de la princesa argentina son la belleza y la promesa siempre postergada de sexo y entrega. Si la llave para conseguir tener sexo con ella es tener cierto status y dinero, perdónenme, pero no veo mucha diferencia con una prostituta. Hay una: la prostituta cambia con frecuencia de clientes, mientras que este subtipo de princesa sería una puta con dedicación exclusiva.

Pero aún hay algo que no he mencionado. Cuando una mujer considera que tener sexo con ella es una moneda de cambio (que se obtiene a cambio de ser su novio, de darle status, de mantenerla, etc.), ese sexo ya no es principalmente para ella una forma de obtener placer (y por eso no entenderá a las europeas), ni se escuda en un fin reproductivo (son católicas, pero no tanto). Ese sexo pasa a ser un favor que le hace a su pareja. Y esto sí que es realmente desagradable.

Esta princesa argentina es un producto cultural, tiene unos valores que le ha inculcado la sociedad y que no se atreve a romper. Está cruzada por restos de catolicismo, por valores italianos (el trabajo es denigrante, la escuela es una prisión, hay que salvarse lo antes posible, los demás son estúpidos), por el machismo que la rodea. No hay a su alrededor contrastes fuertes, hay princesas como estas en toda Latinoamérica, no ve opciones, cree que su forma de pensar es natural, inevitable, incluso determinada por el hecho de ser mujer.

Hay otro tipo de mujer, De hecho, hay muchos otros tipos. Me ha costado empezar a entender el comportamiento de las europeas, porque yo también consideraba natural la forma de ser de las princesas. Las catalanas no se comportan así. Si tienen sexo es por placer, no a cambio de algo. Si hay un machista cerca lo ponen en su lugar. Consideran que trabajar es positivo (y necesario), consideran denigrante servir sólo para ama de casa.

Una anécdota que me parece divertida. Una catalana me contaba, indignada, que una argentina una vez le había dicho que lo que más feliz le hacía era plancharle las camisas al marido mientras él trabajaba. A la catalana le parecía una esclava inútil y mediocre, pero orgullosa de serlo. ¿Por qué no se buscaba un trabajo? ¿Cómo podía ser que fuera eso lo que más le gustaba hacer? Entonces le expliqué, con otras palabras, que se trataba de una princesa argentina. Una latina que no entendía los valores europeos, y que por amor propio, o por costumbre, quería crearse un personaje. ¿Quién es feliz planchando las camisas de su esposo? Para la catalana, sólo una estúpida. Para la argentina, la auténtica princesa, casada con un marido con un empleo excelente y mucho dinero, posiblemente ella también de clase alta. La argentina quería dar a entender que había encontrado a su héroe, a su galán de telenovelas, al que la mantenía sin pedir casi nada a cambio, salvo que le plancharan la camisa. Quería demostrar que ella era de clase alta, no una latina aprovechadora. Falló completamente.

Unas palabras finales para la gordita fea del café. Nunca serás mi ama de casa. Nunca encontrarás un Salvador, un italiano atractivo y lleno de dinero. No tenés nada para ofrecer. Nunca te has preocupado demasiado por aprender, ya que creíste que no sería necesario. Seguramente tu experiencia sexual es tan limitada que acostarse con vos es aburrido o desagradable. Nunca dejarás el vocabulario argentino, porque aunque vivas en Barcelona creés que todo el mundo tiene la obligación de aprender a hablar como vos, o al menos de aprender a entenderte. Una princesa linda, con su habilidad para jugar a la postergación, puede enloquecer a un español. Pero no es tu caso, ya que tu personalidad también es fea. Creés que todos los españoles son príncipes, ya que ganan más dinero que los argentinos y viven mejor. Pero ahora has descubierto que acá tus estrategias no sirven, que a nadie le importa que seas nieta del antiguo dueño de todo el partido de La Matanza, que tus delirios de mujer de clase alta latina son ridículos en una sociedad que es casi toda clase media. Espero que te vuelvas pronto a tu ciudad, acá das vergüenza ajena.
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